T E A T R O G R I E G O
El mito
La
mitología griega es uno de los universos más vastos y estructurados de toda la
humanidad en su búsqueda de una interpretación de la realidad.
Los
primeros mitos se inventaron para explicar los misterios de la naturaleza y los
orígenes de los pueblos. Los posteriores, trataron de penetrar la conducta
humana.
Los
poetas trágicos son los que le dan forma definitiva a los mitos de los héroes
ya que el mundo del mito constituye el material de la tragedia.
El
público griego acudía entusiasmado al teatro en el siglo V a. C. para aplaudir
las variantes de la armazón formal del mito o las nuevas interpretaciones que
le conferían los autores trágicos, ya que no lo consideraban un modelo fijo,
sino el germen de reelaboraciones y evoluciones. Un ciudadano ateniense que
concurriera a presenciar una tragedia sabía de antemano la trama y disfrutaba
de las innovaciones.
Ej:
Edipo Rey, Medea, Electra…
LA TRAGEDIA
La
tragedia griega alcanza su máximo esplendor en el siglo V, el siglo de
Pericles, que se caracterizó por un increíble desarrollo de las artes y de las
letras.
La
tragedia griega presenta familias en conflicto por generaciones, porque con la
sangre se hereda un destino, una maldición o una responsabilidad. Desde esta
perspectiva, la sociedad es presentada no en un equilibrio estático, sino en
una situación límite, en un proceso de continua construcción y ajuste de la
relación entre los individuos y las instituciones de su cultura. En esta
situación límite, la tensión se da entre la rigidez de las normas que impone la
sociedad y la flexibilidad que debe permitir a los individuos. Esta tensión se
construye sobre la base de un sistema de polaridades , de oposiciones que
luchan entre sí y ponen en riesgo la seguridad del hombre fundada en el orden
social: la inversión de roles sexuales, la alteración de relaciones familiares,
la perversión de los ritos, la ambigüedad del uso de la lengua (que, en vez de
comunicar, engaña) convergen en una inestabilidad en búsqueda constante del
equilibrio y la armonía.
Origen de la tragedia
El
origen de la tragedia griega no ha podido ser precisado con exactitud. Sin
embargo se sostiene con fuerza la hipótesis de que surgió de ritos religiosos
relacionados con el ciclo de la naturaleza, un ciclo continuo de muerte y
renacimiento esencial para el hombre: sin la renovación de las estaciones, el
ser humano no podría sobrevivir.
Dionisios
es el dios griego del teatro. Se supone que el ritual dionisíaco del cual
habría nacido la tragedia, representaba el ciclo de la Naturaleza como una
lucha entre dos años, el viejo y el nuevo. En esa lucha ocurre un desastre que
frecuentemente consiste en un descuartizamiento. La tragedia nació, pues, en
las fiestas dionisíacas, que se celebraban en recuerdo de la muerte y
resurrección del dios Dionisios, pero las manifestaciones trágicas más antiguas
no han llegado hasta nosotros. Sólo conservamos obras de la época de mayor
madurez teatral como las de Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Características de la tragedia
·
Estructura: En el origen el núcleo consistía en un canto coral largo, el
ditirambo, que se separó en partes llamadas estrofas y antiestrofas durante las
cuales se avanzaba y retrocedía. Según Aristóteles, la tragedia consta de tres
partes: Prólogo, Episodios y Éxodo. Los episodios variaban, podían ser tres o
cuatro. Entre las partes, interviene el coro, cuya participación está ligada al
desarrollo de la trama y puede ser considerado un personaje más. El orden era
de este modo: PRÓLOGO, PARODOS, PRIMER EPISODIO, PRIMER ESTÁSIMO, SEGUNDO
EPISODIO, SEGUNDO ESTÁSIMO, TERCER EPISODIO, TERCER ESTÁSIMO, ÉXODO.
·
El coro: era el verdadero protagonista de la tragedia inicial.
Posteriormente la función del coro cambia, se convierte en un comentador de lo
que sucede y, a veces dialoga con los personajes para amonestar, alabar,
advertir o formular consideraciones de valor general de gran belleza lírica
algunas. La entrada del coro se llama párodo (entrar en un lugar). Luego,
estaban los estásimos (permanecer en un lugar) que es la totalidad de las
intervenciones del coro y, por último, el éxodo, la despedida. El coro estaba
constituido por un número variable de ancianos, mujeres o niños, generalmente
ancianos, sobre todo en Sófocles porque representaban la sabiduría del pueblo,
la experiencia y, a veces, la voz de la conciencia, por lo cual se necesitaba
cierta dignidad. En ocasiones, interviene el corifeo, el solista que actuaba en
representación de todos.
·
Función: Según Aristóteles en su Poética
la tragedia es una imitación de acciones que debe producir temor y piedad o
compasión en el espectador para lograr la expurgación de las pasiones o
catarsis. Es decir, debe modificar el ánimo del espectador de modo que éste
sienta compasión por la situación trágica que vive el héroe y tema que a él
pueda sucederle lo mismo. Por lo tanto, la tragedia debe imitar hechos y
acciones humanas reales y estas acciones deben estar a cargo de personajes en
acción. Los hechos no deben presentarse tal como fueron, sino como lógicamente
deberían ser. El héroe trágico debe resistir el más insoportable de los
sufrimientos con elevación, porque la claudicación implicaría perder la calidad
trágica.
La purificación de las
pasiones quiere decir que, una vez que la razón se ha sobre puesto a las
emociones, depurándolas, el espectador experimenta una suerte de higiene del
alma que le permite aprehender la significación moral de la tragedia.
Héroes y dioses
La
tragedia tiene como tema permanente el castigo de las culpas humanas y éstas
son concebidas como pecados. El acto pecaminoso es la soberbia o exceso (hybris) que lleva al hombre a cometer
actos no permitidos por el destino, en la creencia de que puede realizarlos sin
recibir el castigo de la justicia. En efecto, todo hombre, al nacer, recibe su
porción de existencia o destino (moira)
de acuerdo con la cual debe vivir. Todo intento de hacer algo que no esté en su
moira realizar es obrar contra el destino. Pero, como el hombre ignora su
suerte, no puede prever el pecado hasta que lo realiza de una manera
irremediable, en medio de una ceguera, propiciada, en ocasiones, por los mismos
dioses. El pecado es, por consiguiente, fruto de la inmoderación del hombre; en
otras oportunidades, resulta del conflicto entre la pasión arrebatada y la
razón moderadora; a veces, el hombre es advertido de que puede pecar, pero
arrastrado por su soberbia más allá de lo lícito, no hace caso de las
advertencias de los dioses; finalmente, el hombre puede ser inocente y ser
arrastrado al pecado por dioses que quieren castigar, en él, pecados de sus
antepasados. (...)
La
acción trágica se caracteriza por la existencia de la peripecia. Aristóteles la define como la "inversión de las
cosas en sentido contrario"; con esto quiere decir que un rasgo de la
tragedia es el cambio de suerte, de destino, de ideas, de fortuna del protagonista
o héroe trágico. (...) Quienes determinan la inversión de los sucesos son los
dioses o, de manera más absoluta, el destino. Y la razón por la cual el
pensamiento o los actos del héroe son invertidos en su perjuicio es que éstos
han sido pensados o realizados contra el destino. Finalmente, esta inversión
tiene el carácter de un castigo. Como los actos o el pensamiento de un héroe
constituyen una violación del orden establecido, la desgracia que recae sobre
sus hechos y sobre su persona es concebida como el castigo por su impiedad.
(...)
En este sentido, el primer efecto es la identificación del espectador con el
héroe, que el poeta robustece asignándole una suma de virtudes, especialmente
la de salvador o benefactor de la ciudad. Por esto, Aristóteles señala que el
héroe no debe ser rematadamente perverso ni excelente, ya que el castigo del
primero no causa impresión por lo merecido, en tanto que la peripecia del
segundo provoca compasión y no, sentimiento de justicia. Psicológicamente,
pues, el héroe debe ser vulnerable: debe haber en él una disposición al error