Borges, líneas de lectura sobre “El hacedor”
La estructura consta
de la repetición de una serie de recuerdos. El paso el tiempo se condensa en
una serie de recuerdos y el en el cuento mismo. Un minuto puede ser recipiente
de la eternidad, a aquella que desdibuja nuestra identidad y nos convierte a la
vez en depositarios de una Identidad suprema. Tiene como personaje a
Homero. La llegada de la ceguera permite
encontrar un sentido a dos experiencias de la infancia y la juventud: ese
sentido consiste en poder convertirse en el autor de la Ilíada y la Odisea
conjugando el amor y el riesgo. La revelación se debe a la reinterpretación de
dos recuerdos disímiles, aparentemente inconexos: un duelo infantil que lo
obliga a empuñar un cuchillo y un primer amor. La pérdida progresiva de la
visión, es decir, un trastorno profundo en su relación con la percepción del
mundo, le ofrece al escritor una oportunidad para reexaminar el sentido del
pasado y proyectarse un destino que, en el caso de Homero, es claramente
glorioso.
La trama se construye en la memoria del que recuerda, Homero,
el narrador de Odiseas e Ilíadas. El que recuerda narró alguna vez para
“construir” la memoria humana (como
patrimonio cultural), memoria construida en el narrador de este cuento, que en
cierta forma, también está recordando. El cuento en sí mismo es una memoria que
construye la memoria de los lectores. En este sentido podría leerse que aquel
hacedor de relatos, es hacedor de la memoria y en tanto crea algo se le asigna
una Identidad suprema, la cual nunca es
estable. ¿Podría pensarse que el hacedor de relatos también hace “potenciales”
hacedores de relatos al situarse como transmisores de un recuerdo?